Las botas de montar son la compra donde más gente se equivoca y donde peor se corrige el error. Un pantalón que no encaja se usa igual; unas botas que no encajan acaban en el fondo del armario. Y sin embargo, acertar es cuestión de tomar tres medidas y entender dos o tres cosas sobre cómo se comporta el material.
Esta guía va por orden: primero la decisión previa, después las medidas, y al final lo que hace que duren años.
Botas de montar altas o botín con polaina
Es la decisión anterior a cualquier medida, y no hay una respuesta única.
El sistema de dos piezas —botín más polaina— gana en casi todo lo que no sea la pista de concurso. Se puede andar por la cuadra sin destrozar una caña cara. Cada pieza se seca por separado. Se sustituye solo lo que se gasta, que es siempre el botín antes que la polaina. Y la polaina se ajusta a una pantorrilla que cambia con los años y con el trabajo, cosa que unas botas de montar de una pieza no hacen.
La bota alta gana en línea y en tradición, y en determinadas disciplinas y niveles es lo que exige el reglamento. Da esa continuidad visual de la pierna que en doma se busca y no tiene un borde superior donde pueda formarse un pliegue.
En la práctica, mucha gente acaba teniendo las dos cosas: el sistema de dos piezas para entrenar a diario y las botas de montar altas reservadas para competir. Puedes comparar los dos formatos en botas de equitación y en botines hípicos.
Las tres medidas de unas botas de montar
No basta con el número de pie. Hacen falta tres datos y los tres pesan igual.
1. El número de calzado
El habitual, pero probado con el calcetín que vayas a usar de verdad. Un calcetín técnico fino de equitación ocupa bastante menos que uno de calle, y esa diferencia puede ser justo una talla.
2. La altura de la caña
Se mide de pie y descalzo, desde el suelo hasta el hueco de la parte de atrás de la rodilla.
3. El contorno de la pantorrilla
En su punto más ancho y con el pantalón de montar puesto. Este es el que más falla, por dos motivos: el grosor del pantalón cambia la medida más de lo que parece, sobre todo con modelos que llevan refuerzo, y la pantorrilla varía a lo largo del día. La referencia práctica es medir por la tarde y no apurar: unas botas de montar que aprietan la pantorrilla cortan la circulación y convierten una hora de trabajo en una hora incómoda.
Y una comprobación más que casi nadie hace: pruébatelas sentado, con la rodilla flexionada. De pie, la pantorrilla tiene una forma; con la pierna doblada como si montaras, se ensancha. Esa es la posición real de uso.
Por qué las botas de montar se compran más altas de la cuenta
Es lo que más desconcierta al comprarlas por primera vez, y tiene una explicación mecánica sencilla.
Unas botas de montar nuevas deben quedar más altas de lo que parece correcto, incluso rozando el hueco de la rodilla al estar de pie. Con el uso, el material del empeine cede y la caña baja entre uno y tres centímetros, hasta asentarse en su altura definitiva. Unas botas que ya quedan perfectas el primer día se habrán quedado cortas en un mes.
Por la misma razón, si dudas entre dos alturas, la mayor. Una caña que baja un poco sigue siendo válida; una corta no crece, y en pista se ve.
El rodaje: dos semanas, no una tarde
Los primeros días unas botas de montar de calidad molestan. Es normal y no es un defecto: el material aún no ha cedido, y las zonas que más se notan son el empeine y la parte alta de la caña.
Se ruedan andando en casa antes de montar con ellas, en sesiones de media hora, durante un par de semanas. Estrenarlas directamente en una salida larga es la receta para una rozadura seria justo en el momento en que menos te conviene.
Y siempre con calcetín fino, largo y sin costura marcada en la puntera. Un calcetín grueso dentro de una bota ajustada hace bulto y arruga, y esa arruga es exactamente donde sale la ampolla. En invierno, la solución al frío no es más grosor de calcetín —que solo aprieta más— sino una plantilla térmica o un modelo con forro. Los tienes en calcetines de jinete.
La cremallera: la pieza que decide cuánto duran
Casi todas las botas de montar actuales llevan cierre trasero de cremallera, y por buenos motivos: permite un ajuste mucho más ceñido a la pierna sin renunciar a poder meter el pie.
También es la pieza que falla, y falla siempre por lo mismo: arena. El polvo de la pista se mete en los dientes, la cremallera empieza a costar, se fuerza y termina rompiendo.
El mantenimiento es ridículo de sencillo y casi nadie lo hace: pasar un cepillo seco por la cremallera al terminar de montar y, cada pocas semanas, un lubricante específico o simplemente una vela de cera deslizada por los dientes. Y si se atasca, no tires más fuerte: comprueba primero que no haya un pliegue del pantalón dentro. Casi todas las cremalleras rotas se rompen justo en ese tirón.
Cómo se mide una polaina
Si eliges el sistema de dos piezas en lugar de botas de montar altas, la polaina tiene sus propias dos medidas y ambas se toman sentado, con la rodilla flexionada y con el pantalón puesto:
- Altura: desde donde empieza la caña del botín hasta el hueco de la parte de atrás de la rodilla, restando un par de centímetros para que no roce al flexionar.
- Contorno de la pantorrilla en su punto más ancho.
Si estás entre dos tallas, depende del modelo: en una polaina con panel elástico, la talla menor, porque el elástico da margen hacia arriba y en cambio no compensa una polaina grande, que girará igualmente. En una polaina rígida sin elástico, la mayor, porque la piel y el sintético ceden poco a lo ancho. Tienes los dos tipos en polainas.
Y un detalle de montaje que se ve mal hecho constantemente: el cierre de la polaina va en la cara exterior de la pierna. En la cara interna roza contra el faldón de la silla, se desgasta en semanas y además molesta al caballo.
El tacón: lo más importante de unas botas de montar
Si de todo este artículo hay que quedarse con una sola cosa, es esta.
El tacón —de aproximadamente dos centímetros y con un canto marcado— es el elemento de seguridad más importante de todo el calzado de equitación. Impide que el pie se deslice hacia delante y atraviese el estribo. Un pie atrapado en el estribo durante una caída es el escenario más grave que puede darse a caballo, y es exactamente lo que ese pequeño escalón evita.
Por eso no se monta con zapatillas ni con botas de trabajo de suela corrida, por muy cómodas que sean. Y por eso la suela de unas botas de montar es relativamente lisa: para que el pie entre y salga del estribo sin agarrarse.
Dos consecuencias prácticas:
- Revisa el tacón periódicamente. Cuando el canto se redondea por el desgaste, deja de hacer tope. Es motivo para llevarlo al zapatero o sustituir el par, aunque el resto esté impecable. Y no conduzcas con ellas: el pedal desgasta el tacón de forma desigual.
- Comprueba el estribo al cambiar de calzado. El estribo debe medir unos dos centímetros y medio más que el ancho de la suela, medido con el calzado real. Un botín de puntera ancha puede necesitar un estribo mayor que las botas de montar que usabas antes. Los tienes en estribos ingleses, y el criterio completo para elegirlos en la guía de estribos de equitación.
Cuidado: lo que hace que duren años
Hormas, siempre. Unas botas de montar guardadas de pie se doblan por su propio peso justo por encima del tobillo, y ahí se forma un pliegue que con el tiempo se convierte en una grieta permanente. Es el punto por el que se estropean prácticamente todas las que se jubilan sin haberse roto por otro sitio. Las hormas lo evitan y, de paso, conservan la altura original. Están en accesorios de botas.
Tirabotas para quitarlas. Sacarlas tirando con la otra mano o pisando el talón deforma la caña y castiga la costura trasera.
Airearlas al terminar y nunca guardarlas mojadas dentro de la bolsa: unas botas húmedas en un espacio cerrado desarrollan moho en el forro en pocos días, y ese olor ya no se va. Si acaban empapadas, papel de periódico arrugado dentro absorbe la humedad mucho más rápido que el aire solo. Nunca calor directo.
Si tus botas de montar son de piel, el cuidado del cuero va aparte y tiene sus propias reglas: limpiar con jaboncillo, nutrir después y dejar la cera para el final.
¿Dudas con la talla o entre botas de montar altas y botín con polaina? Escríbenos por WhatsApp con tus tres medidas y te decimos qué te encaja. Y para completar el equipo, echa un ojo a pantalones de jinete. Y si estás montando tu primer equipo, empieza por la guía de la primera compra.

